Pese a los grandes esfuerzos realizados por parte de profesionales, usuarios y familiares de la salud mental por eliminar o, por lo menos, reducir el estigma presente en la sociedad en torno a la enfermedad mental aun son muchos los que tienen unas ideas erróneas preconcebidas al respecto. Esto hace que se genere desconfianza, miedo o rechazo hacia personas que padecen desequilibrios emocionales lo cual solo ayuda a interferir en la recuperación de su malestar.

Para indagar al respecto y, con motivo del Día de la Salud Mental, por parte de MentalMadrid nos proponemos consultar con profesionales con amplia formación y experiencia en el campo de la salud mental sobre una serie de cuestiones que consideramos relevantes. Los profesionales entrevistados han sido Javier Fernández Aurrecoechea, médico psiquiatra de la Fundación Jiménez Díaz y en consulta particular , y Sandra Aranda, psicóloga en Equipo de Apoyo Socio Comunitario (EASC) de Colmenar Viejo desde 2007, con formación específica en este ámbito, y en consulta particular.

¿Qué es la salud mental?

Antes de empezar a hablar sobre la existencia del estigma, cabe preguntar si la sociedad está realmente informada de en qué consiste la salud mental y por qué hay tanto rechazo hacia su ausencia. En este punto, tienen gran papel los medios de comunicación ya que “vivimos en un mundo donde solo vende lo sensacionalista (…), prevalece la información de determinadas noticias que hablan de hechos violentos, desde el cual siempre aparece la enfermedad mental como consecuencia del acto. Todas estas noticias hacen mucho daño, no solo a todo el trabajo que realizamos los profesionales por dignificar y dar un lugar en la sociedad a este colectivo, sino a los propios pacientes, ya que ellos mismo temen poder llegar a perder el control, o sentirse más discriminados por aquellas personas que conocen su situación”, afirma Sandra.

Otro de los aspectos a tener en cuenta es qué implica la pérdida de la salud mental y por qué hay tanto rechazo hacia la misma. Como hemos comentado en anteriores ocasiones, muchas veces hablamos y actuamos desde nuestros propios miedos y angustias y rechazamos aquello que tenemos o tememos tener. “Creo que existen dos miedos universales: la muerte y la locura. Y, por desgracia, la enfermedad mental continua muy vinculada a este término. (…) Creo que vivimos todos en el miedo al descontrol y en eso se encuentra muy cerca la locura y, por desgracia -admítemelo como reseña-, vivimos en un mundo bastante enloquecido pero con poca consciencia de ello, aunque cada vez comienza a reconocerse más”, añade Sandra.

Salud Mental

¿Quién puede solicitar los servicios de los profesionales de la salud mental?

Durante muchos años, los tratamientos de salud mental han estado ligados a patologías graves como la esquizofrenia, el trastorno bipolar o algunos con una base orgánica y para los que, en ocasiones, es necesario un tratamiento farmacológico. Este tipo de patologías tienen asociado un gran estigma y hay numerosos mitos y falsas creencias que llevan a la sociedad a alejarse de ellos.

Sin embargo, cuidar la salud mental es tan necesario como cuidar la salud física y todos pasamos en algún momento de nuestras vidas por momentos o situaciones que nos desbordan y para las que necesitamos pedir ayuda. Además, “observo que hay un movimiento más actual, en el que la gente acude a terapia para realizar un proceso de desarrollo personal, a través del cual puedan entender quiénes son, y sobre todo, resolver aquellas situaciones que se repiten en su vida y que les limitan para alcanzar aquello que desean”, comenta Sandra.

Por ello, cualquier persona puede presentar problemas psicológicos. Para sostener este argumento, Javier aporta lo siguiente: “El modelo actual que aporta una visión más acertada -a mi juicio por lo holística- respecto de las causas de las enfermedades mentales, extensivo a problemas emocionales o psicológicos, es el de diátesis-estrés. Esta aproximación, en resumen, concibe que hay multitud de factores que, sumando todos o una pequeña cantidad pero dependiendo de su intensidad, hacen que una persona experimente sufrimiento psicológico. Los factores son tanto biológicos (el cerebro es un órgano más, que enferma como el riñón y el corazón) como psicológicos y sociales. Nadie estamos exentos, por tanto, de que en un momento determinado nuestro cerebro deje de funcionar correctamente, nuestra personalidad o sistema de valores y creencias sufran un giro copernicano o nuestro ambiente socio-familiar confortable se resquebraje y de lugar a estos problemas comentados.

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Ni siquiera los profesionales de la salud mental estamos exentos de pasar por este proceso, es más, lo idóneo sería que todas aquellas personas que van a trabajar con el sufrimiento humano tuvieran su propio espacio de ventilación emocional. “Creo que no sólo deberíamos hacer talleres para cuidar al cuidador, que en su gran mayoría son los familiares, sino también hacernos cargo de nuestra carga emocional, y luchar porque se le dé un lugar a nuestro propio cuidado”, añade Sandra.

Además, Sandra cuenta cómo “conocerse a uno mismo y su propia historia nos permite resonar con el sufrimiento del paciente, lo que a su vez nos ayuda a mejorar nuestra empatía. La terapia nos muestra realidades de la vida de las que no estamos alejados nadie. (…) Creo que es importante haber estado en el otro lado de la silla para saber lo duro que es ver aspectos nuestros duros de reconocer y observar, pero que nos limitan y dificultan, al igual que lo que nos cuenta la persona que tenemos enfrente. Con esto, no quiero decir que confluyamos con su historia, sino que seamos capaces de reconocer el sentimiento y emoción que está debajo de eso. A veces sólo desde ahí, podemos entender de verdad, la dificultad para poder modificar o cambiar algún rasgo de la personalidad de uno mismo.

¿Cuál es el tratamiento para los problemas de salud mental?

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Como hemos comentado en anteriores post, el consumo de antidepresivos en nuestro país se ha triplicado en los últimos años. Esto es, vivimos en una sociedad cada vez más medicalizada y con menor tolerancia al sufrimiento. Sin embargo, habrá muchas ocasiones en las que el consumo de psicofármacos no sea necesario. Como comenta Javier, “depende en gran medida del problema del que hablemos. Las crisis vitales, aspectos disfuncionales de la personalidad, tristezas o angustias reactivas a problemas de la cotidianeidad como pueden ser duelos, rupturas, etc. van a necesitar sobre todo de un soporte psicoterapéutico. En las enfermedades mentales más al uso, en las que el componente biológico-cerebral es más nítido, como pueden ser la esquizofrenia, el trastorno bipolar o la depresión mayor, el tratamiento psicofarmacológico es esencial para recuperar el equilibrio perdido por el sistema nervioso, amén de que distintos abordajes psicoterapéuticos han demostrado que mejoran el pronóstico si se combinan con los fármacos”.

¿Cómo podemos acabar con el estigma?

Llegados a este punto nos preguntamos, ¿cómo podemos normalizar los tratamientos psicológicos en la población? ¿Existen creencias que relacionan el cuidado de la salud mental con la vulnerabilidad psicológica y la valía personal? Es decir, ¿pedir ayuda me hace más débil? Trasladamos esta pregunta a Sandra y nos da la siguiente respuesta:

Creo que es necesario dar un lugar a la importancia de la salud mental y el bienestar emocional en la sociedad y en cada uno de nosotros. Para ello, creo que también debemos interiorizar que el sufrimiento en ocasiones se hace demasiado cuesta arriba y que pedir ayuda no le hace a uno sentirse vulnerable, sino acompañado, cuidado y, sobre todo, respetado desde el dolor. Somos seres sociales, pero hemos aprendido a vivir detrás de una máscara la cual no se nos puede caer.  No se puede sufrir y, sobre todo, hay que ser invencibles; y hay momento vitales en los que después de haberlo intentado gestionar con amigos, actividades y un sinfín de recursos, es necesario pedir ayuda.

Aún así hemos evolucionado. Ahora tenemos un hueco en la sociedad. Los psicólogos estamos en muchos ámbitos y nos coordinamos con los psiquiatras, trabajadores sociales, educadores, etc. A veces acercamos lo social al contexto clínico para poder trabajar desde equipos interdisciplinares y eso también nos está devolviendo un lugar menos agresivo y más de figura de apoyo y cuidado, lo que nos permite tener un espacio más amable dentro de  la sociedad.

Equipo MentalMadrid

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