Los niños necesitan estar activos para crecer y desarrollar sus capacidades. El primer acto creativo del ser humano es jugar, y jugar significa indagar, conocer y descubrir todo lo que necesita para hacerse adulto. En este sentido, el juego es importante para el aprendizaje y el desarrollo integral de los niños.

Durante los primeros años de vida, los niños utilizan gran cantidad de objetos que permiten la estimulación de sus capacidades cognoscitivas y que favorecen la exploración del mundo a través de ellos. Pero, ¿por qué a veces ocurre que un niño no se despega de un determinado juguete u objeto en detrimento de los demás? A este objeto en el que el niño deposita cierto apego se le llama objeto transicional.

¿Qué es el objeto transicional?

El concepto “objeto transicional” fue desarrollado a mediados del siglo XX por Donald Winnicott. Según este autor, el uso de dicho objeto puede comenzar entre los 4-6 meses hasta los 8-12 años. Se llama transicional porque aparece en un momento en el que el niño comienza a admitir la existencia de un mundo fuera de él y lo elige como su “compañero”. En él busca consuelo cuando comienza a percibir la separación de su principal figura de apego.

¿Cómo saber si se trata de un objeto transicional?

Los objetos transicionales más típicos son peluches, muñecos o mantitas, aunque puede ser cualquier elemento pues es una elección arbitraria del pequeño, como un trapo, cualquier otro juguete, la punta de un edredón, un chupete, etc. En general tienen en común la textura suave.

Resulta inútil intentar imponerle al niño algo como objeto transicional o pretender cambiárselo cuando lo ha elegido. Para el niño se convierte en algo tan personal que hasta su olor desempeña un papel importante. Por eso, los especialistas aconsejan lavarlo solo en caso de que se haya ensuciado demasiado y siempre cuidar que el niño no lo vea dentro de la lavadora o secándose colgado de cualquier forma, ya que podría interpretarlo como una especie de tortura.

Funciones psicológicas del objeto transicional

El objeto transicional tiene funciones psicológicas muy importantes para el niño.

  • Le permite ser independiente emocionalmente.
  • Es una fuente de placer y seguridad cuando su figura de apego principal está ausente, por eso suele apretarlo, tenerlo cerca y hablarle. Es decir, suple ciertas funciones cuando esta figura se encuentra ausente.
  • Aporta consuelo.
  • Le acompaña a afrontar situaciones nuevas (como el primer baño en la bañera, dormir, etc).
  • Aporta compañía cuando está solo, triste o enfermo.
  • Le permite construir un área intermedia entre él mismo y otra persona, o entre él mismo y la realidad.
  • Le permite calmarse cuando está nervioso.
  • Son útiles durante la primera fase de maduración del niño ya que le ayudan a “despegarse” de sus papás.

 

¿Todos los niños tienen un objeto transicional?

Pese a que la mayoría de los niños llegan a necesitar un objeto transicional (algo que se encuentra dentro de la normalidad y del desarrollo natural) lo cierto es que no es imprescindible que el niño tenga uno. Muchos, de hecho, no llegan a necesitarlo. Un niño puede pasar de ser totalmente dependiente a ser autónomo sin la necesidad de una figura inanimada de por medio, y en ese caso lo hará mediante el contacto con personas de la familia (comienzan a pasar más tiempo con los tíos o abuelos, a dormir en casa de algún familiar) etc.

¿Hasta cuándo está presente el objeto transicional?

Lo normal (y lo más aconsejable) es que sea el propio niño quien decida cuándo sustituirlo por otros intereses. Suele suceder entre los 3-4 años de edad, aunque en ocasiones permanece más tiempo (incluso toda la infancia). Pero en un niño sano, el objeto transicional va perdiendo significado según se van desarrollando de forma progresiva otros intereses como el juego, la creación, etc.

Los expertos desaconsejan obligar al niño a desprenderse de su objeto transicional solo por considerar que ya es “demasiado mayor” para tenerlo, ya que esto puede tener consecuencias emocionales en los pequeños (pueden sentir tristeza y angustia). No se debe olvidar que el objeto cubre la necesidad original de abrazos, miradas y presencia de la figura de apego necesarios para calmarse.

En todo caso, si el pequeño supera la edad en la cual debería abandonarlo y no lo hace, y ese apego genera preocupación en sus padres, es recomendable consultar a un psicólogo.

¿Qué ocurre si el objeto transicional permanece hasta la edad adulta?

En ocasiones, el objeto transicional puede crear una dependencia que se alarga hasta la edad adulta. Hay factores que propician la no separación del objeto transicional como la tendencia a mantener una relación simbiótica con las figuras de apego principales, compartir el lecho materno, tener una relación consentidora y absorbente por parte de los progenitores… Es decir, cuando los cuidados van más allá de las necesidades y de repente los cuidados cesan o disminuyen (por la llegada de un nuevo miembro familiar o cualquier otra circunstancia que cambie la relación). Al ocurrir esto, se mantienen lazos infantiles que configuran la forma en que se relaciona con sus padres y con su objeto transicional.

Winnicott (1996) afirma que el desenlace normal del objeto transicional es el de separarse del sujeto y proporcionar una integración más amplia en la percepción del exterior y el interior, por lo tanto la separación con el objeto transicional deberá ser resuelta durante el término de la adolescencia para lograr una definición de la identidad afectiva y esto con el fin de poder desenvolverse de manera más exitosa y madura en los diferentes ámbitos de la vida. Si no se logra la separación se podría generar una patología: incapacidad para establecer relaciones interpersonales, necesidad de tener un amigo/a único que permanece para cumplir con los rasgos simbióticos (relación estrecha y persistente) que demanda su necesidad, así como desinterés y resistencia a involucrarse en relaciones fuera de la familia, dado que el apego al objeto transicional sustituye esta necesidad (entre otras consecuencias).

Conclusiones

Es importante averiguar si esta conducta de apego al objeto constituye o no una patología o un comportamiento alterado. La desconexión de los objetos transicionales permite a la persona guiarse hacia otras experiencias en la vida que involucran el desarrollo y el crecimiento como persona.Tanto desprenderse de los lazos familiares como del objeto transicional es necesario para el desarrollo de las relaciones sociales y la integración de las ideas del niño con la realidad, siendo esto muy importante para integrarse como adulto y miembro de la sociedad.

 

Equipo MentalMadrid

MentalMadrid

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