¿Qué es un trastorno de personalidad?

A la hora de hablar de cualquier patología mental, consideramos que hay que tener especial cuidado en no caer en “etiquetar” a las personas dentro de un diagnóstico ya que se pueden perder factores relativos a la individualidad de la persona y a la complejidad del funcionamiento humano. Creemos que los diagnósticos son útiles como una forma de comunicación entre profesionales y como una manera de encuadrar a la persona que tenemos delante para poder acercarnos a un entendimiento y una verdadera empatía desde la que poder ayudar a la persona en su tratamiento.

Cada persona es única y los síntomas que pueda presentar no son más que una manifestación de un malestar que tiene coherencia con su historia vital y con la interacción de su predisposición genética y el ambiente en el que ha vivido. Así se va formando cada rasgo o estilo de personalidad, que estará más o menos presente en todas las personas.

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Ahora bien, al hablar de personalidad nos estamos refiriendo a un patrón de comportamiento y de experiencias internas que es estable y permanente y que se va formando a lo largo de la vida. Para cada contexto, situación y persona con la que se interactúe existe un determinado tipo de respuesta.  Cuando un determinado funcionamiento genera un malestar clínicamente significativo, interfiriendo en alguna de las esferas de la persona (social, familiar, laboral o personal) hablamos de que se ha convertido en trastorno, en este caso, de la personalidad.

¿Cómo se origina el Trastorno Límite de la Personalidad o TLP?

Puede que alguna vez hayas oído hablar de este tipo de patología, el trastorno límite de la personalidad. Para poder entender uno de los factores que interfieren en su creación pondremos un sencillo ejemplo en el que hablaremos del estilo de apego, es decir, del vínculo que establecemos con nuestras figuras de referencia.

Son muchos los factores que intervienen en la formación de la personalidad y se relacionan de una manera compleja, lo cual no es el objeto de estudio de este post.

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Imaginemos el caso de María, una niña recién nacida. Cuando María llora, su mamá algunas veces acude y otras veces la deja llorar porque no sabe lo que le pasa, le ha sobrepasado la situación o considera (erróneamente en edades tan tempranas) que es bueno que esa bebé comience a regularse sola. Las veces que acude, algunas cubre la necesidad de María y otras intenta proveerla de algo que la niña no quiere. Es decir, María está llorando porque tiene dolor y la mamá lo que hace es darla un biberón porque cree que tiene hambre.

Este patrón se mantiene según María va creciendo e, incluso, se va intensificando. La mamá acude a la demanda de manera intermitente y, cuando lo hace, no siempre cubre la necesidad. Esto genera en María unos sentimientos de angustia ya que no sabe si su madre volverá cuando se ha ido o cubrirá su siguiente necesidad ya que no ha recibido un patrón de respuestas estable. Así, María va comprendiendo que tiene que hacer un despliegue de su malestar muy intenso para que su necesidad pueda ser visto.

Además, como es una niña y hay ciertas capacidades de razonamiento que no ha desarrollado, ella integra que no es lo suficientemente buena como para ser atendida. Es decir, si su necesidad no es cubierta no es porque el otro no sepa cubrirla, sino porque ella no es válida. Asimismo, crea una imagen del otro como alguien que, en ocasiones, es bueno y proveedor de afecto y cuidados y, en otras ocasiones, es alguien que descuida e incluso asusta.

Por lo ya comentado, como María no es calmada desde fuera en momentos iniciales de su desarrollo, no aprende cómo se hace. Es decir, María no sabe regular sus emociones porque nadie le ha enseñado cómo se hace. Con estos antecedentes, es probable (aunque no seguro ya que interfieren muchos más factores en el desarrollo de la personalidad) que María desarrolle un patrón de comportamientos que catalogaríamos como “límites”.

¿En qué consiste el Trastorno Límite de la Personalidad?

Si tuviéramos que sintetizar en qué consiste el trastorno límite de la personalidad lo podríamos sintetizar en: inestabilidad, impulsividad y ambivalencia.

Las personas que presentan trastorno límite de la personalidad suelen presentar inestabilidad emocional, un intenso malestar que no saben gestionar ya que, como hemos comentado, no han aprendido a hacerlo. Además, su necesidad emocional para ser vista tiene que ser intensa. Por ello, muchas veces, este malestar intenso les lleva a actuar de forma impulsiva como un medio para aliviarlo. El tipo de comportamientos que pueden realizar puede pasar por conductas de riesgo (conducción temeraria, abuso de sustancias, robos) o autolesiones, lo cual retroalimenta esta sensación de no saber regular las propias emociones.

En su relación con los otros, es habitual encontrar cómo personas con trastorno limite de la personalidad (TLP) se relacionan desde la ambivalencia y la polaridad, desde considerar que el otro es una persona buena y admirable a pasar a considerar en poco tiempo que la otra persona es alguien malo y que va a hacerle daño. Todo esto está marcado por una angustia de separación y un miedo al abandono que surge de cómo se relacionó en primeras etapas con la figura de apego.

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Además, es habitual que personas que presentan trastorno límite de la personalidad o TLP sientan crisis en su sentido de identidad. Tienen interiorizado que son personas poco valiosas (recordemos que en primeras etapas se integra “no soy cuidado porque no valgo”) y pueden llegar a dudar de cómo son en realidad ya que muchas veces se ven envueltos en estallidos emocionales, desde donde su necesidad puede ser vista y, consecuentemente, cubierta.

¿Cómo es el tratamiento del trastorno límite de la personalidad?

Existen muchos grados dentro de esta patología, en función del porcentaje de veces en los que las figuras de apego no han cubierto la necesidad de esta persona (entre ortos factores). Será necesario hacer una evaluación específica de las necesidades de la persona con la que vayamos a trabajar ya que la variabilidad que podemos encontrar es muy amplia.

Así, el tratamiento será diferente para cada uno de ellos pero será fundamental hacer trabajo emocional en el que puedan identificar y elaborar aquello que están sintiendo para así poder desarrollar estrategias más saludables de regulación emocional.

Conclusiones

Con este artículo pretendemos acercar el trastorno límite de la personalidad o TLP a las personas, ya que son muchas las ocasiones en las que la patología mental está cargada de estigma, miedos y falsas creencias que nos alejan del malestar y sufrimiento de estas personas.

Como hemos podido ver, el desarrollo de la personalidad tiene mucho que ver con cómo hemos vivido y cómo nos hemos relacionado en etapas tempranas de nuestra vida. Poder entender cómo funciona es el primer paso para poder sanarlo o intentar aliviar el malestar que, muchas veces, tiene un origen desconocido.

Equipo MentalMadrid

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