Como hemos comentado en anteriores post (Trastorno Límite de la Personalidad), cada rasgo de la personalidad es el resultado de la interacción entre factores genéticos y ambientales, es decir, entre la predisposición genética que tenemos cada uno y las interacciones que tenemos a lo largo de nuestra vida con nuestras figuras de referencia, nuestro grupo de iguales o el resto de ambientes con los que interactuamos. Además, tiene que ver el haber atravesado momentos vitales estresantes o sucesos traumáticos.

Entendemos cada rasgo de la personalidad como un continuo. Es decir, cada rasgo se presenta en todas las personas en mayor o menor medida y solo lo consideramos patológico cuando interfiere de forma significativa en alguna de las esferas de la vida de la persona (personal, social, laboral o familiar).

Trastorno narcisista de la personalidad

Cuando este rasgo narcisista de la personalidad se convierte en interferente en alguna de las esferas de la personalidad entendemos que estamos ante un Trastorno narcisista de la personalidad.

Podríamos definirlo como un patrón general en el que la persona se siente superior al resto de personas, con un déficit de empatía y una necesidad de admiración y de aprobación externa. Son personas que creen que son especiales y únicos, con unas capacidades que sobreestiman y por las cuales esperan ser tratados de una manera excepcional. Es habitual que esa necesidad de admiración y esa falta de empatía les lleven a relacionarse con los otros desde una posición de superioridad en la que sienten que pueden despreciar al otro o tratarle mal. Puede utilizar a los demás para alcanzar sus metas sin importarle lo que el otro sienta.

narcisismo

Sin embargo, también podemos encontrar un tipo de narcisismo “seductor” desde el que encandila al otro para conseguir los fines que él desea y hace que su narcisismo no sea vivido con tanto rechazo como en el caso anterior.

Suelen ser personas que se aburren con facilidad, que nada les satisface y que necesitan ser el centro de atención para no tener sentimientos de malestar. Cuando establecen relaciones con otras personas, tienen dificultades para amar y lo hacen desde ese patrón de necesidad de admiración y de cubrir esas fallas narcisistas.

Este tipo de narcisismo puede ser el resultado de dos cuestiones. O bien, haber sido ampliamente narcisizado desde niño y tener interiorizado que uno es tan valioso y tan extraordinario como muestra ser, o bien, utilizar el narcisismo como un mecanismo compensatorio para contrarrestar el profundo malestar y vergüenza de ser quien uno es. Lo más habitual es que nos encontremos ante el segundo caso.

Narcisismo en la población general

Ahora bien, como hemos comentado, el narcisismo es un rasgo de la personalidad y, por lo tanto, está presente en cada uno de nosotros. Esto ocurre a un nivel automático y puede que no seamos conscientes del procedimiento hasta que le ponemos atención.

Piensa en la última vez en que te sentiste avergonzado y qué hiciste para contrarrestar esta emoción. Puede que te sintieras humillado y rechazado por otra persona y, para aliviarte, hicieras un comentario despectivo hacia la otra persona. Así, te colocabas en una posición de “superioridad” desde donde tu narcisismo o tu identidad se salvaban. Puede que, sin interactuar con el otro, internamente comenzaras a criticarle y a señalar sus errores, creando en ti un sentimiento de rechazo hacia él para poder desprestigiar su crítica y restarle valor a lo que había causado tu sentimiento de humillación.

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Tomando otro ejemplo, vivimos en la era de las redes sociales. Desde aquí, se puede observar cómo cada uno, en ocasiones, mostramos una faceta que deseamos sea validada o valorada positivamente por los demás, para así ver nuestro narcisismo o valía personal ensalzados.

Hay muchas formas de desplegar el narcisismo, que irán acorde a la configuración de cada persona. En este artículo solo hemos hablado de alguno de ellos.

Conclusiones

Con este post pretendemos acercar el narcisismo a la población general, entendiendo que es una parte de cada uno de nosotros y que cumple una función. Las defensas, en este caso las narcisistas, son formas de protegernos, de salvar nuestro sentido de identidad y que nos sirven para estar con nosotros y con los demás.

Iniciar un proceso terapéutico nos ayudará a identificar cuándo estas defensas están presentes y de qué tipo de angustia nos están protegiendo. Desde ahí, podremos elaborarlas y asumir la responsabilidad de nuestras acciones para no depositar en el otro aquello que tiene que ver con un malestar propio.

Asimismo, conocer el narcisismo extremo (el trastorno narcisista de la personalidad) nos ayudará a estar alerta y a no dejarnos arrastrar por cómo estas personas quieren hacernos sentir. Es decir, puede que ellos necesiten empequeñecernos para poder sostenerse y mantenerse en su posición de superioridad. Será nuestra labor entender que lo hacen desde un profundo malestar y vergüenza y que aquello que nos dicen tiene que ver con ellos y no con nosotros.

Para ampliar información sobre este tema, recomendamos el siguiente libro:

Joseph Burgo (2017). “Narcisistas: defiéndete y sobrevive en la era del egocentrismo”. Paidós.

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Equipo MentalMadrid

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