Casi con total seguridad, todos nosotros hemos escuchado alguna vez las palabras autoestima y autoconcepto, pero ¿sabemos realmente qué significan?

¿Qué son la autoestima y el autoconcepto?

El autoconcepto es la representación mental que tenemos de nosotros mismos. Por ejemplo: “soy muy impulsivo al tomar decisiones”, “me divierte jugar al fútbol”, “soy competitivo en los juegos”, etc. Esta imagen que tenemos de nosotros mismos no siempre es la misma, sino que va variando con la edad y con las experiencias vividas.

Durante los primeros años de vida, el autoconcepto es más moldeable y por tanto más susceptible de incorporar valores, evaluaciones y expectativas que escuchamos o percibimos de las figuras de apego principales (padres, abuelos, tíos, hermanos, profesores, etc). Pero durante la adolescencia es mucho menos coherente, más arbitrario y cambiante.

Este autoconcepto  determina cómo nos sentimos, cómo actuamos y qué valor nos otorgamos como personas. La autoestima es la valoración del autoconcepto. Por este motivo, nuestra autoestima dependerá de la valoración que hacemos de nosotros mismos en relación a determinados aspectos.

Es decir, la autoestima incluye tanto el concepto como la imagen que tenemos de nosotros mismos. Es el valor que le damos a nuestras ideas, a nuestro conocimiento, a nuestras capacidades, a nuestro aspecto, a nuestros recursos, etc. La autoestima es un pilar fundamental de nuestra salud mental.

¿Cuándo se forman la autoestima y el autoconcepto?

La autoestima y el autoconcepto se van forjando desde el nacimiento. En ese desarrollo influyen diferentes factores: genéticos (como por ejemplo el temperamento de cada persona), personales, sociales y culturales.

La influencia de los padres en la autoestima de los hijos

La influencia de los padres en la autoestima de los hijos es decisiva. Es importante enseñar a los hijos a ser asertivos, es decir, a que conozcan sus derechos, sus limitaciones, sus metas, que sepan decir “no”, pedir lo que necesiten, controlar su ansiedad, defenderse y, sobre todo, gustarse. Con este entrenamiento el niño, y más aún el adolescente, podrá enfrentarse a sus problemas y resolverlos con éxito, algo que influirá en el concepto que tiene de sí mismo y en su autoestima.

Por otro lado, también es muy importante saber valorar y potenciar las cualidades del niño o adolescente así como los avances que tenga, y poder ofrecerle alternativas positivas, posibles y reales para mejorar los aspectos más deficientes.

Si los padres tienen una autoestima negativa, es probable (en general) que se dediquen a criticar repetidamente los comportamientos, actitudes o errores de sus hijos, focalizando la atención solamente en sus aspectos negativos y no potenciarán ni reforzarán las cualidades positivas de los hijos. A consecuencia de esta dinámica de educación, el niño le dará más valor o prestará más atención a sus características negativas dejando a un lado las positivas (que en general han sido desatendidas por sus padres), creándose en él una autoestima negativa.

Cuando somos niños, nuestros padres son casi nuestros únicos referentes pero durante la adolescencia empezamos a socializar, a tener diferentes influencias, y nuestros referentes se multiplican, por lo que tener una buena base es muy importante.

Autoestima en adolescentes

La adolescencia es un período de cambios. Es una etapa del desarrollo evolutivo en la que estamos en constante búsqueda de nuestro sitio en el mundo, motivo por el cual el adolescente necesita probar diferentes roles. Por eso, es especialmente importante que la autoestima en los adolescentes sea alta.

Durante la adolescencia adquiere fuerza la necesidad de reflexionar profundamente sobre uno mismo, el cerebro va madurando y se adquieren nuevas habilidades. Todo ello influye en el proceso de adquisición de una nueva identidad, y por tanto, de un adecuado autoconcepto y autoestima.

¿Tengo una autoestima adecuada?

Es probable que tras leer estas líneas nos sintamos algo confusos y nos preguntemos qué tipo de autoestima tenemos nosotros.

En términos generales, cuando una persona tiene una adecuada autoestima, tiene una visión bastante realista sobre sí mismo y sus capacidades. Es una persona que no se autocritica excesivamente, que intenta aprender de sus errores sin centrarse en castigarse por cometerlos y que no se preocupa por que los demás le aprueben. Es una persona que se siente segura y que no se considera ni mejor ni peor que nadie.

Sin embargo, cuando una persona presenta baja autoestima, magnifica sus puntos débiles y apenas se fija en sus recursos o en sus fortalezas, lo que merma aún más su autoestima. Son personas que no se sienten seguras porque desconfían de sus capacidades, tienen miedo a equivocarse y esto hace que presenten gran dificultad a la hora de tomar alguna decisión. Temen ser rechazadas y dependen afectivamente de los demás porque se sienten inferiores a ellos. Es muy probable que sean personas que se sienten frustradas y desmotivadas, que se fijan en estándares de perfección ante los cuales siempre salen perdiendo.

Como dijimos anteriormente, tener una autoestima adecuada es un pilar fundamental para la salud mental. Recuerda que no solo las personas con enfermedad mental van al psicólogo sino que también lo hacen personas que quieren mejorar su salud mental y evitar problemas emocionales mayores.

Equipo MentalMadrid

 

MentalMadrid

 

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies