Vivimos en una sociedad en la que ciertos comportamientos que están guiados por estilos de pensamientos obsesivos están muy valorados, ya que implican alto rendimiento y productividad. Tener ciertas capacidades y competencias como la minuciosidad, la capacidad de organización, el perfeccionismo es algo muy valorado en entornos laborales ya que son indicadores que predicen que la persona que los presenta desarrollará su tarea de forma tenaz y constante. Pues bien, estas capacidades o competencias están muy relacionadas con los rasgos obsesivos de la personalidad.

¿Qué son los rasgos obsesivos?

Como se ha comentado en anteriores post, desde MentalMadrid, y tratando de simplificarlo, entendemos que el desarrollo de la personalidad es el proceso en el que cada individuo define cómo debe ser su estructura de comportamiento ante diferentes situaciones, con diferentes tipos de relaciones y bajo diferentes estados emocionales.

Así, se irán construyendo unos patrones estables de funcionamiento de la persona en la relación con su contexto, que son los rasgos de personalidad. Estos rasgos, ampliamente estudiados a lo largo de la historia, son dimensionales, es decir, forman parte de un continuo en el que la persona se puede mover, presentándolo en mayor o menor medida.

¿Cómo son las personas obsesivas?

Una vez aclarado esto, entendiendo que los rasgos obsesivos pueden presentarse en todas las personas en mayor o menor medida sin que eso implique necesariamente una patología grave, definiríamos a las personas con rasgos obsesivos de la siguiente manera:

  • Son personas perfeccionistas. Les gusta hacer las cosas de la mejor manera posible. Tienen capacidad de trabajo, de organización y perseverancia. Esto, que puede ser una ventaja, suele ir acompañado de altos niveles de exigencia, tanto con uno mismo como con los demás, lo que puede acarrear problemas en las relaciones.
rasgos obsesivos
  • Tienen esquemas rígidos de pensamiento. Es decir, las cosas se deben hacer de una manera que ellos consideran y, a veces, les es difícil flexibilizarlo para adaptarse a las necesidades del momento o abrirse a nuevas perspectivas y opiniones. Suelen moverse en polaridades o en dicotomías “todo o nada”.  O las cosas se hacen perfectas o se hacen fatal, les cuesta ver toda la gama de posibilidades que existen entre estos dos polos.
  • Si aunamos todo lo comentado hasta el momento, es decir, el perfeccionismo, la rigidez y la polaridad del pensamiento, podremos entender cuál será la emoción predominante de estas personas: la culpa. Las personas obsesivas suelen sentirse culpables cuando no alcanzan sus propias expectativas, vivir como fracasos los errores y tener la sensación de que hacen las cosas mal.
  • El mito de la perfección es insaciable y personas altamente obsesivas pueden llevar a vivir en una constante búsqueda de una perfección que nunca llega. Para manejar el no haber llegado a donde esperaban, aparece el autocastigo como estrategia para asegurar que no volverán a fallar. Este castigo puede ser de manera verbal (en forma de verbalizaciones muy negativas sobre uno mismo) o con conductas de falta de cuidado hacia uno mismo.
  • Las personas obsesivas suelen medir su valía en función de los resultados que obtienen. Es decir, “si me esfuerzo y consigo resultados, entonces soy una persona valiosa. Si, por el contrario, fallo en un objetivo que me había propuesto, no valgo”. Esto puede generar verdaderas mellas en la autoestima y en el estado de ánimo de la persona.
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  • Las personas obsesivas dedican poco tiempo al ocio o al disfrute. Todo lo que implique ausencia de productividad o generación de resultados es considerado una pérdida de tiempo. Recordemos que si miden su valía en función de los resultados que obtienen, hacer algo por el mero hecho de disfrutarlo iría asociado a un golpe al sentido de identidad y a la autoestima.
  • Las personas obsesivas sienten que necesitan tener el control de las situaciones, de sí mismos y de los ambientes en los que se mueven. Suelen sentir seguridad cuando pueden predecir lo que va a pasar y cómo se supone que deben responder. En la personalidad obsesiva, la espontaneidad suele estar minada y la tolerancia a la incertidumbre es muy baja. Asimismo, suelen necesitar la aprobación y validación externa para asegurar que están yendo por el camino correcto.

¿Cómo manejar las obsesiones?

Después de leer esta escueta descripción de rasgos que suele presentar una persona obsesiva, es probable que te hayas identificado con alguna de las características. Esto es normal, recordemos que son rasgos dimensionales y que están presentes en todas las personas en mayor o menor medida y pueden variar en diversas situaciones.

Ahora cabría preguntarse, ¿puedo dejar de ser una persona obsesiva? La respuesta puede ser alentadora.

Por un lado, es cierto que desprenderse de ciertos rasgos de personalidad que nos definen como persona no es una tarea que siempre se pueda conseguir. No podemos perder de vista que si forman parte de nuestro repertorio es porque, hasta el momento, nos han servido (o nos sirven) y nos han hecho llegar hasta donde estamos. Sin embargo, tomar conciencia de que hay ciertas actitudes y comportamientos que están guiados por estos rasgos obsesivos y que están interfiriendo en la vida de manera notable, suele hacer que surja la necesidad y el deseo de querer cambiarlo. Por ello, es posible trabajar por desprendernos de ciertos comportamientos y hacer que, los que se queden, interfieran lo menos posible.

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Si te has sentido identificado con los rasgos obsesivos y crees que podríamos ayudarte a manejarlos, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

Equipo MentalMadrid

MentalMadrid

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