El acompañamiento terapéutico es una modalidad de intervención psicológica que se desarrolla en el entorno cotidiano de la persona — su hogar, su barrio, sus espacios de vida — con el objetivo de favorecer su autonomía, estabilidad emocional y calidad de vida. A diferencia de la terapia tradicional en consulta, el acompañante terapéutico trabaja en y con el contexto del paciente, lo que permite una intervención más cercana, flexible y adaptada a las necesidades reales del día a día.
«La Ayuda Psicológica a Domicilio y Acompañamiento Terapéutico es una modalidad terapéutica que se realiza tanto «en» el entorno como «con» el entorno de la persona, siendo el vínculo cotidiano o relación terapéutica un factor de especial relevancia en el tratamiento.»
— Kuras de Mauer & Resnizky, Acompañantes Terapéuticos
¿Qué es exactamente el acompañamiento terapéutico?
El acompañamiento terapéutico es un servicio que consiste en ofrecer una ayuda de carácter doméstico, social, de apoyo psicológico y rehabilitador a las personas y familias que se encuentran en especial necesidad. Su propósito principal es responder a los problemas que plantean las patologías mentales más severas y facilitar la autonomía personal en el medio habitual del paciente.
Con este servicio se consiguen mantener y mejorar las condiciones de vida del usuario, prestando la ayuda necesaria para que pueda permanecer en su casa llevando una vida autónoma dentro de sus posibilidades. Uno de los puntos clave es la estimulación para la adquisición de competencias personales y la creación de una red de apoyos del núcleo cercano del paciente que puedan contenerlo, evitando la cronificación y el deterioro.
Siempre es complementario a la actuación de otros profesionales de la salud mental, fomentando el trabajo multidisciplinar que se debe aplicar especialmente a pacientes con tendencia a interrumpir el tratamiento.
Las 7 fases del proceso de acompañamiento terapéutico
El acompañamiento terapéutico sigue un proceso estructurado que se adapta a las necesidades individuales de cada persona. Estas son las fases principales:
1. Crear vínculo terapéutico
Es el inicio del proceso, en el que se promueve el establecimiento de una alianza terapéutica que permita el trabajo psicológico y el apoyo de las pautas proporcionadas por cualquier profesional interviniente. Sin un vínculo sólido, las intervenciones posteriores pierden eficacia. Por eso, esta fase requiere tiempo, paciencia y una escucha genuina.
2. Promover conciencia de enfermedad
Se mantiene una conversación activa con el paciente para que sea consciente de su situación, escuchando y atendiendo sus preocupaciones. La conciencia de enfermedad no se impone; se construye a través de un diálogo respetuoso que ayuda a la persona a comprender lo que le ocurre sin sentirse juzgada.
3. Impulsar el autocuidado personal
Se apoyan las medidas necesarias para que la persona pueda mantener con éxito su autocuidado personal: higiene, alimentación, descanso y organización del espacio. Estos aspectos, que pueden parecer básicos, son con frecuencia los primeros en deteriorarse cuando hay una desestabilización emocional o psiquiátrica.
4. Crear una rutina diaria
El mantenimiento de un orden vital es esencial para que los hábitos adquiridos se consoliden en el tiempo. La rutina proporciona estructura y previsibilidad, dos elementos que funcionan como factores protectores frente a la ansiedad y la desorganización conductual.
5. Prever posibles desestabilizaciones
El proceso terapéutico no es lineal: hay fluctuaciones, avances y retrocesos. El acompañante terapéutico trabaja con planes de acción ante posibles complicaciones, identificando señales de alerta temprana y activando recursos antes de que la situación se agrave.
6. Intervenir en situaciones de crisis
Cuando se produce una crisis, el acompañante terapéutico actúa como primer recurso de contención, incluyendo si es necesario la redirección a los recursos pertinentes (urgencias, psiquiatra de referencia, equipo de salud mental). Saber intervenir en crisis es una de las competencias más importantes de esta figura profesional.
7. Evitar o retrasar la institucionalización
El objetivo último del acompañamiento terapéutico es promover la rehabilitación psicosocial del paciente para que pueda desarrollar su vida en su medio habitual, evitando o retrasando la necesidad de un ingreso o institucionalización. Se trabaja para que la persona recupere o mantenga las habilidades necesarias para una vida lo más autónoma posible.
¿Cuál es el objetivo del acompañamiento terapéutico?
La principal función del acompañamiento terapéutico es fomentar la calidad de vida del paciente a través de la figura del acompañante terapéutico, que actúa como referente ante las dificultades que se presenten en el día a día.
Lo que se consigue con esta ayuda terapéutica es favorecer la autonomía del paciente como parte indispensable del proceso rehabilitador. El acompañante sirve de guía mostrando en cada momento de dificultad un análisis y gestión de la situación, para dotar al paciente de herramientas y habilidades que le acerquen a conseguir el fin último de este servicio.
Para ello es fundamental mantener una escucha activa, un sostén emocional y ofrecer pautas que le permitan desenvolverse en tareas cotidianas, fomentando la participación activa en tareas o actividades acorde a los objetivos terapéuticos.
¿Quién necesita acompañamiento terapéutico?
El acompañamiento terapéutico está especialmente indicado para personas con patologías graves como:
- Episodios Psicóticos y Esquizofrenia
- Trastorno Bipolar
- Depresión mayor
- Trastornos de Ansiedad severos
- Trastornos de la Personalidad
- Trastorno Obsesivo Compulsivo
- Trastornos de la Conducta Alimentaria
- Trastornos de Conducta
- Violencia Intrafamiliar
También resulta especialmente útil en dos situaciones concretas:
Transición tras un ingreso psiquiátrico
El periodo que transcurre desde que un paciente recibe el alta hospitalaria hasta que recupera la estabilidad en su domicilio es uno de los momentos de mayor vulnerabilidad. El acompañamiento terapéutico proporciona un soporte continuado durante esta transición, reduciendo el riesgo de recaída y facilitando la readaptación al entorno habitual.
Personas institucionalizadas en proceso de alta
En personas que se encuentran en centros residenciales o instituciones y necesitan ir adquiriendo progresivamente las capacidades necesarias para poder reintegrarse en su entorno habitual.
Pacientes graves no institucionalizados
Este servicio es de especial utilidad para aquellos pacientes graves que no son ingresados en instituciones pero que tampoco pueden sostenerse por sí mismos. Es decir, pretende trabajar lo «cotidiano» en pacientes que requieren atención continuada pero que disponen de autonomía suficiente para permanecer en sus casas. Va dirigido a personas que se encuentran en una situación de dificultad o desequilibrio emocional, o que presentan algún tipo de discapacidad y/o enfermedad mental.
¿Cómo funciona en la práctica?
En MentalMadrid, el equipo de acompañamiento terapéutico se desplaza al domicilio del paciente con el objetivo de trabajar las situaciones difíciles en el contexto en el que se producen y con la frecuencia que se estime necesaria. El equipo estudia las variables psicológicas, sociales y biológicas que influyen en cada situación y desarrolla un plan de acción individualizado.
Si crees que tú o un familiar podéis beneficiaros de este servicio, puedes contactar con nosotros para una primera valoración sin compromiso. Trabajamos en toda la Comunidad de Madrid.



